El algoritmo: arquitectos silenciosos de la educación

Si me dejas tu móvil y hago scroll por tus redes sociales, el algoritmo me explicará en un par de vídeos qué es lo que más te interesa en estos momentos. Y esto ocurre desde que las redes sociales se han convertido en un foco endogámico de nuestras propias inquietudes.

Te interesa la psicología: tu feed se llena de psicólogos desconocidos explicando traumas y relaciones tóxicas. Te gusta la cocina: tienes todos los pasos para crear las recetas más sorprendentes. Te obsesiona el mundo fitness: los gymbro estarán ahí para decirte qué comer y qué ejercicios hacer. Por no hablar de política…

Con este modelo de consumo de contenido personalizado puedes autoengañarte de forma muy fácil pensando que haciendo scroll no solo estás entreteniéndote, sino que además estas aprendiendo cosas nuevas.

Y ahora te hago una pregunta, ¿estás aprendiendo o estás viviendo un sesgo de confirmación constante? Alerta spoiler: la segunda opción es la correcta.

El algoritmo tal y como está estructurado ahora mismo te impacta (y en ocasiones te atosiga) únicamente con lo que cree que quieres ver. No te trae perspectivas que te incomoden genuinamente o te confronta con ideas que contradicen lo que ya crees.

No negaré que personalmente utilizo Instagram y Tik Tok como herramientas para aprender de múltiples temas. Y he aprendido cosas valiosas. Pero sé que lo hago desde un lugar consciente, con criterio y escogiendo los temas sobre los que quiero aprender.

La diferencia es crucial: yo actúo. El algoritmo no actúa sobre mí; yo actúo sobre él. Pero no todos llegamos a ese lugar. Algunos ni siquiera son conscientes de que hay un lugar al que llegar. Y cuando pienso en este modelo de autoconfirmación me preocupa y mucho.

Me preocupan las generaciones cuyo algoritmo les obnubila con contenido que pone en duda hasta la propia evidencia científica, pero también me preocupan aquellos usuarios que son incapaces de distinguir historias reales de las que prepara la IA.

En este punto me gustaría hacerte una pregunta para cerrar la reflexión de esta semana ¿crees que se debería legislar sobre la manipulación algorítmica como lo hacemos con otras cosas como, por ejemplo, los contaminantes químicos? De los químicos ya reconocemos el daño y por eso hay una legislación, y quizá sea hora de hacer lo mismo con el algoritmo.

Firmado por: Sara González Romero