Recientemente, ANIS, la Asociación Nacional de Informadores de la Salud, y el Ministerio de Sanidad han celebrado el foro “Cómo frenar la epidemia de la desinformación en salud”. Un encuentro que reunió a todos los agentes del sector con el objetivo de impulsar una respuesta estructural y coordinada para hacer frente a las fake news sanitarias.
El consenso entre los participantes ha sido categórico: se requiere una respuesta estructural basada en la proactividad, la alfabetización mediática y la gobernanza institucional. La estrategia nacional debe pasar por establecer un frente común donde instituciones, profesionales sanitarios, medios especializados, plataformas digitales, investigadores y organizaciones de pacientes trabajen coordinadamente. En palabras de Graziella Almendral, presidenta de ANIS: “es imprescindible estar todos juntos, y que cada actor, desde su ámbito y con sus herramientas, aporte lo que mejor sabe hacer”.
Lejos de esto, el primer “Informe sobre sobre el estado de la desinformación en salud en España”, presentado durante el encuentro por ANIS, reveló un ecosistema nacional fragmentado y descoordinado. En concreto, el estudio identifica 12 acciones puestas en marcha desde el Gobierno central y 64 desde las comunidades autónomas, pero evidencia una falta crítica de coordinación entre todas ellas.
En este contexto, el informe confirma la necesidad de que las autoridades reconozcan la desinformación como un problema real de salud pública que afecta a la adherencia a los tratamientos y aumenta la mortalidad.
A lo largo del encuentro, también se desgranaron datos altamente preocupantes, como que el 72% de los españoles cree saber detectar bulos, pero solo el 12% utiliza herramientas de verificación para comprobarlos; y que el 40% de la población es vulnerable a narrativas conspiranoicas que sugieren ocultismo desde la industria farmacéutica, como recoge el I Estudio sobre la desinformación en España, de la Unión de Televisiones Comerciales en Abierto (UTECA) y la Universidad de Navarra.
Desde Salud sin Bulos se ha insistido en que la mala comunicación clínica es otro factor de riesgo importante, ya que la falta de entendimiento entre profesionales y pacientes es una de las causas que lleva a la población a creer la desinformación disponible abiertamente en la actualidad.
Por su parte, la ministra de Sanidad, Mónica García, ha solicitado a todos los agentes “responsabilidad para explicar los hechos con claridad cuando la salud colectiva está en juego” a la par que calificó el negacionismo como una “práctica antidemocrática”.
Desde el Departamento de Seguridad Nacional se ha elevado la desinformación al rango de amenaza estatal, caracterizando las campañas de desinformación como vectores de ataque profundamente disruptivos que funcionan como “arma geopolítica” capaz de erosionar la confianza institucional e interferir en la toma de decisiones a nivel estratégico.
Para hacerles frente, el periodismo especializado en salud emerge como pilar fundamental, que debe posicionarse como el mejor antídoto frente a una epidemia informativa que pone en riesgo vidas La labor de las agencias de comunicación especializadas podrá contribuir a esta estrategia contra la desinformación, apoyando un buen periodismo que nos salvaguarde de los bulos.